El humo que se disipa.
El tiempo que pasa.
Y la gente que pasa.
Los sueños se cumplen
o se dejan de perseguir,
las relaciones acaban
y los enamorados sufren.
Los besos se extinguen,
las caricias desaparecen,
los ‘te quiero’ se evaporan
y las conversaciones hasta altas horas de
la madrugada
fingen no haber existido nunca.
Nada es eterno.

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